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BASÍLICA DE CUELGAMUROS
Sierra de Guadarrama
(Madrid) 
1951-56

El año 1951 marcó un punto de inflexión en la carrera artística de la vida de Santiago Padrós. Mientras se encontraba realizando los mosaicos que habrían de cubrir el ábside de la parroquia de San Miguel de Molins de Rei (Barcelona), recibió el encargo, por parte del arquitecto Diego Méndez -sucesor de Pedro Muguruza tras su fallecimiento-, para ejecutar el mosaico que decoraría la gran cúpula de la Basílica de Cuelgamuros. ​

Santiago Padrós se había especializado en la técnica del mosaico tras su formación en la Escuela del Mosaico de Rávena y Venecia, lo que lo convertía en uno de los pocos artistas españoles capaces de llevar a cabo dicho encargo. Fray Justo Pérez de Urbel, monje benedictino y primer abad de la Basílica, conocía muy bien la obra que Padrós había realizado en la Abadía de Montserrat. Cuando Diego Méndez buscaba alguien capaz de realizar una obra de tal magnitud, fue Pérez de Urbel quien lo propuso y avaló, no sólo por sus conocimientos técnicos y artísticos sino también por su capacidad para plasmar todo el saber teológico requerido.

Cuando el artista presentó el proyecto para su aprobación, este fue aceptado sin necesidad de realizar ninguna modificación. Su creación artística parte de la idea románica del Pantocrator: divide la cúpula en cuatro partes y asigna a esta imponente figura, de ocho metros de altura, la ubicación principal frente a la entrada. Querubines alados lo rodean y, a sus pies, unos ángeles sostienen los instrumentos musicales. A ambos lados ascienden en pirámide los santos héroes de España, capitaneados por el Apóstol Santiago y, los santos mártires, encabezados por San Pablo. Frente al Pantocrátor, para completar la majestuosidad del conjunto, representó la Asunción de la Virgen María, de seis metros de altura.

Ante la gran envergadura de la que sin duda será su obra más ambiciosa, Padrós decidió trasladarse a Madrid sin cerrar su estudio en la ciudad de Terrassa. Durante cinco años trabajó primero en su estudio madrileño y, posteriormente en los espacios cedidos en el antiguo Teatro Real. Allí fue creando personalmente cada uno de los bocetos de las cuatrocientas figuras -con un tamaño mínimo de dos metros y medio cada una- que lo conforman. Valiéndose de la reproducción a escala de una octava parte de la cúpula, Santiago Padrós fue realizando los enormes cartones a tamaño real que, después en su taller, se convertirían en el colosal mosaico formado por seis millones de teselas.

Al tratarse de una bóveda de 2.000 m2, con un diámetro de 40 metros -de proporciones similares a la de San Pedro del Vaticano-, el artísta tuvo que subsanar las distorsiones ópticas provocadas por la propia forma cóncava, así como por la gran altura existente, 38 metros, a fin de que el ojo humano no lo percibiera. Cómo el interior de la basílica, excavada en la roca, no gozaba de luz natural, Padrós concibió todo el fondo de la cúpula a base de teselas fabricadas en vidrio y pan de oro, que conferirían grandiosos reflejos dorados al conjunto.

Aunque Padrós solicitó diez años para su ejecución, únicamente le concedieron cinco. Trabajando jornadas maratonianas, sin descanso ni vacaciones consiguió entregar su gran obra, por la que habría de ser reconocido mundialmente, en 1956.

Su Santidad, el Papa Juan XXIII, elevó la iglesia del Valle a dignidad de basílica menor el 7 de abril de 1960 y fue consagrada por el cardenal Cicognani, nuncio de la Santa Sede en España el 4 de junio del mismo año.

Diseño y mantenimiento de pagina: R.Padrós

Ultima actualización: Ene. 26

 Info: santiagopadros71@gmail.com

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